¿Por qué mentimos?

La mentira, la conducta de decir algo que no es, que no sucedió o que sucedió diferente, ha sido vista históricamente como algo más que indeseable. Pero ¿Por qué mentimos?

La cultura judeo cristiana la condenó poniéndola a nivel de pecado en el octavo mandamiento. Los sistemas judiciales la pueden penalizar bajo el delito de Falsedad de Declaraciones y lo que es más la mayoría de las personas la ven como una forma de violencia, de deslealtad, de traición, incluso de crimen. Relaciones han ido y venido, terminado de forma violenta por la mentira que se dijo, la verdad que se ocultó o se modificó. Sangre, guerras, divorcios y otros conflictos han sido originados por la mentira y a pesar de eso, la mentira sigue con nosotros, se resiste a irse, pareciera que es la constante compañera de la humanidad.

¿Realmente las personas mienten para hacernos daño? Si, es verdad que algunas personas mienten para hacer daño a otros, para sacar ventaja de la relación que se tiene o para generar una relación opresor-oprimido. Por ejemplo hay políticos que mienten para ganar poder y control, estafadores financieros han mentido a sus clientes para generarles fraudes, y podríamos encontrar un gran número de ejemplos que sostienen la idea que el que miente lo hace para dañar al otro, pero ¿siempre la mentiras es por el deseo de dañar al otro?

Tendríamos que decir, que hay de mentiras a mentiras y de mentirosos a mentirosos. Nadie pensaría que la mentira anual de Santa Claus y los regalos tiene la finalidad de dañar a nuestros hijos ¿o si? Pues como este ejemplo existe un basto número de situaciones en donde las personas no mienten por querer dañar a otros, sino por otras razones.Vamos a ver algunas de esas situaciones.

  • Una mujer miente sobre su vida sexual previa a una nueva pareja ¿Es por querer hacer daño? O podrá ser por creencias que asocia con vergüenza debido a sus creencias sexuales, religiosas y sociales o por no querer compartir parte de su intimidad o por temor a una respuesta machista de abandono.
  • Un hombre miente sobre su situación financiera a su esposa ¿realmente lo hace por egoísta, por no querer compartir la riqueza con ella? O lo puede hacer por una creencia de protección “ocultaré este dinero para no gastarlo y poderlo guardar para el futuro”

Las mentiras pueden tener diversos orígenes, pero pareciera que forman parte de nuestra evolución como humanos. Nuestra especie es social, requerimos del grupo para sobrevivir, solos no hubiéramos evolucionado, nuestro cuerpo débil y expuesto difícilmente hubiera logrado la supervivencia frente a los poderosos depredadores de la naturaleza. Sin los demás nos hubiéramos extinguido. Hoy no enfrentamos poderosos depredadores, pero enfrentamos desafíos día tras día que activan el mismo temor al rechazo y al abandono que nuestros antepasados tuvieron frente a la tribu. Hoy una joven mujer puede temer ser abandonada por el hombre que ama si este descubre que ha tenido vida sexual con otras personas. El marido puede temer perder la familia si la esposa descubre que ha tenido un affaire. El amigo teme perder su grupo social si descubren que él no es tan exitoso como lo ha dicho. El empleado teme perder su ingreso y la forma de sostener a la familia si su superior descubre que no tiene la experiencia que había dicho. El emprendedor teme que no sea contratado si no piensan que es altamente capaz en su objetivo. El mecanismo de lucha-huida-paralización que hay en nosotros nos lleva a mentir como una forma de lucha y como una forma de huida.

La mentira es una conducta universal, la investigación en psicología evolutiva ha mostrado que para la edad de 2 años el 20% de los niños saben mentir, a los 4 años lo saben el 90% y para los 7 años lo saben hacer el 100% de los niños. Es verdad que existen casos patológicos o perversos que buscan dañar con la mentira como en los psicópatas o los políticos, o que hay quienes desarrollan una compulsión a la mentira, pero la mayoría de las veces juzgarla de inmoral, criminal o pecaminosa no sirve para comprender por qué mentimos y qué podemos hacer con ello. Pero a pesar de su posible valor evolutivo, la mentira conlleva consecuencias en la mayoría de las ocasiones que hacen pensar que lo temido hubiera sido mejor que lo obtenido.

Las creencias previas a mentir y la temporal liberación de la ansiedad son las que perpetúan dicha conducta. Creencias catastróficas, dicotómicas, maximizadas o minimizadas, fuera de contexto o carentes de objetividad nos llevan a experimentar ansiedad en situaciones que evaluamos como amenazantes, desafiantes o apremiantes activando nuestro mecanismo de lucha-huida-paralización y como una técnica de afrontamiento aplicamos la mentira para luchar o para evadir dicha ansiedad.

Cuando mentimos olvidamos que tenemos opciones, que existen alternativas que pueden ayudarnos no solo a aliviar el temor o la ansiedad que sentimos, sino ha sentirnos fortalecidos a empoderarnos. Veamos esas alternativas:

  • Evaluar nuestras creencias y analizar su racionalidad o no es el primer paso. Identificar las consecuencias catastróficas que imaginamos y darnos cuenta que en la mayoría de las veces las situaciones no son tan graves como pensamos, no son de vida o muerte.
  • Comprender los pros y los contras de la mentira y de la verdad.
  • Evaluar el sentido de autoeficacia, autoestima y valentía que genera afrontar las situaciones con una honestidad asertiva.

La integridad, es la virtud que Selligman señala como la capacidad de afrontar la adversidad éticamente a pesar de los riesgos que conlleva. Pero esta virtud no es sólo una cuestión moral es una cuestión de aprendizaje, es decir de que nos lo enseñen, que lo practiquemos y lo hagamos propio. Si utilizamos las alternativas mencionadas es probable que con el tiempo mintamos cada vez menos y ganemos cada vez más integridad.

La próxima vez que te encuentres con el deseo de mentir, no te avergüences de ti mismo, mejor comprende que eres humanos y que todos los humanos mentimos, pero que también tenemos alternativas. Analiza tus pensamientos, tus temores y confróntalos objetivamente. Identifica los beneficios, a pesar de las perdidas, que obtendrás al afrontar los problemas o los retos con la verdad. Lo mejor que puede pasar es que ganes mayor admiración contigo mismo, que veas que tu eres capaz de enfrentar la adversidad.

La próxima vez que alguien te mienta no te precipites juzgándolo como “mentiroso” “traidor” o “pecador” trata de comprender por qué te mintió, tal vez te ayude a encontrar soluciones junto con esa persona para que deje de mentirte.